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La idea de celebrar ese día internacional se remonta a 1992, año en que tuvo lugar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Río de Janeiro. Ese mismo año, la Asamblea General adoptó la resolución por la que el 22 de marzo de cada año fue declarado Día Mundial del Agua, siendo 1993 el primer año de celebración.

El Día Mundial del Agua se celebra cada año para recordar la relevancia de ese líquido esencial. Recordemos que 2.200 millones de personas viven todavía sin acceso a agua potable. Esta celebración tiene como objetivo concienciar sobre la crisis mundial del agua y la necesidad de buscar medidas para abordarla de forma que logremos el Objetivo de Desarrollo Sostenible No 6: Agua y saneamiento para todos antes de 2030.

En 2026, Naciones Unidas (UN) ha decidido que el Día Mundial del Agua se centre en la igualdad, con el lema: Donde fluye el agua, crece la igualdad. ¿Por qué de este lema?, pues ya sabemos que la crisis mundial del agua nos afecta a todo el mundo, aunque de forma desigual. En lugares donde las personas no tienen garantizado el ejercicio del derecho humano en el agua potable y en el saneamiento, las desigualdades se acentúan; y son las mujeres y las niñas las que sufren las peores consecuencias. Es hora de que las mujeres y las niñas ocupen un lugar central en las soluciones relacionadas con cuestiones hídricas.

La campaña quiere promover:

Empoderamiento femenino en todos los niveles de liderazgo y gobernanza del agua, incluyendo roles como ingenieras, agricultoras, científicas, trabajadoras de saneamiento y líderes comunitarias

Participación igualitaria de mujeres y niñas en planificación, diseño y políticas de gestión del agua, asegurando que los servicios sean inclusivos, sostenibles y eficaces

Conciencia y acción colectiva, involucrando a hombres, niños, ciudadanía, escuelas, empresas y autoridades para que el agua sea una fuerza impulsora de la igualdad y el desarrollo sostenible

En resumen, el lema “Dónde fluye el agua, crece la igualdad” sintetiza la idea de que garantizar el acceso al agua potable y saneamiento para todas las personas, con especial atención al género, no sólo es un derecho humano, sino también una condición clave para el desarrollo equitativo y sostenible en todo el mundo.